Esta historia, que se supone ocurrió en los albores del siglo XX, sintetiza el episodio que se convertiria, con el correr de los años, en el soporte mitologico de la musica Vallenata; la derrota del diablo en un vibrante duelo de acordeon, a manos de Francisco Antonio Moscote Guerra, el campesino guajiro que se transformó en leyenda y se inmortalizó en la historia del Vallenato con el nombre de Francisco el hombre. El recuento pormenorizado de su vida, el relato de sus proezas como acordeonero, y especificamente su consagracion frente al diablo, hacen parte de una serie de documentadas crónicas escritas por Angel Acosta Medina en el Espectador (abril 82), en las que se recogen testimonios fidedignos y elocuentes sobre las andanzas del trovador, simbolo de la musica Vallenata. Es probable que el encuentro con el diablo haya sido fruto de la imaginación popular, y con mayor razón si se produjo en los territorios del realismo mágico. Quizá se discuta su veracidad. Pero lo cierto es que el hecho ha servido como sustento de la leyenda y ha reafirmado la identidad de un pueblo que tiene en la musica Vallenata su patrimonio cultural más valioso. Por eso, Francisco Moscote dejó de ser un modesto ayudante de recua y se tornó en un acordeonero portentoso cuya existencia quedó para siempre rodeada por una aureola de fantasía y de misterio. Su fama se extendió incluso a las páginas de la literatura : en Cien años de soledad, Gabriel Garcia Márquez lo describe como "un anciano trotamundos de casi 200 años que pasaba con frecuencia por Macondo divulgando las canciones compuestas por él mismo y relatando con detalles minuciosos las noticias ocurridas en los pueblos de su itinerario". Francisco El Hombre (que probablemente nació en 1880 y murió en 1952, según los Vallenatólogos), no fue precisamente el primer acordeonero en la historia del Vallenato, pero si uno de los integrantes de esa admirable legión de pioneros que sembraron las semillas y estructuraron este género musical. Francisco Moscote fue uno de tantos trovadores en su mayoria anafabetos que, con el acordeón terciado al hombro y sin ningún tipo de acompañamiento, recorrieron de manera incansable los rincones más insospechados de la comarca, contando en sus versos sus penas y sus alegrías, relatando anécdotas personales, o expresando su amor inmenso por algun mujer. Mientras la fama de Francisco El Hombre se regó por caserios, veredas y pueblos, muchos acordeoneros, quizá tan diestros como él, prefirieron permanecer en el anonimato de sus hogares, dándole rienda suelta a su pasión musical. Segun Garcia Marquez, todos estos musicos primitivos eran como los juglares de la epoca mediaval : cantaban cuando sentian la necesidad de hacerlo, despues de haber sido estimulado con un hecho real. Hacian versos, ejecutaban el acordeon e interpretaban sus propias canciones.
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soy amante del buen vallenaro me fascina todo lo que tenga que ver con el vallenato.
todo lo que huela a vallenato me es familiar, el recuerdo mas remoto que coservo, es el de una dama, mesiendo una hamaca ycantando vallenato.